Hoy entiendo que no hay distancias entre tú y yo, que los silencios incómodos han desaparecido, que ya no hay frases incompletas, que podemos hablar de cualquier cosa sin interrumpirnos, podemos escucharnos, bromear sin enojarnos. Podemos ser nosotros mismos cuando estamos solos. Podemos mirarnos sin abrir los ojos, besarnos sin tocarnos los labios, soñar despiertos hasta el amanecer.
Sé que con una mirada podemos decirnos tantas cosas, y con un par de palabras no dar a entender nada… pero, ¿sabes? Eso me gusta mucho, me gusta que no todo sea perfecto, me gusta la imperfección que existe entre nosotros, que no en todo estemos de acuerdo y que a pesar de eso logremos entendernos. Me encanta guardar los momentos que pasamos juntos en mi memoria, las palabras chuscas que sin querer salen de nuestras bocas, los errores que llegamos a cometer y que tratamos de solucionar, todo me gusta recordar.
A veces me gusta pensar que sólo somos tú y yo, que no existe nadie más, que sólo somos nosotros dos contra el mundo, sin etiquetas, sin mentiras, sin tristezas, sin soledad… y pensar que tal vez algún día pienses igual. Mientras tanto vivamos plenamente, sin prometernos un mañana, sin recordar el pasado, simplemente vivamos el presente…
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