Un mundo en donde las cosas fueran distintas…
Era una noche templada, la temperatura bajaba por cada paso que daba, había salido a caminar, a pensar, cuando de pronto me percaté de que a un costado mío se
encontraba una señora de edad ya avanzada y un pequeño de a lo mucho 6 años,
ambos gritando con poca voz: -Tamales, tamales de fresa, de mole, ¿no quiere
tamales?. Pasaban personas de frente a ellos y no les hacían caso, parecía que
trataban de evitar cualquier tipo de contacto visual con ellos. La señora y el
niño siguieron caminando, y yo a su lado mirándolos, aunque ya había escuchado
de que sabor los vendía les pregunté: ¿de qué son? A lo que la señora
amablemente respondió: de fresa y de mole, le dije: -déme tres. (Aún sabiendo
que ya habíamos cenado en mi casa). La señora de nueva cuenta respondió: claro
que sí, cuestan $12, permítame, se
agachó y sacó de un botecito los tamales, los colocó en una bolsa y me los
entregó; le pagué con un billete de $50, y le dijo al niño: dale su cambio a la
señorita hijo. En lo que el niño contaba el cambio, la señora se dirigió a mí
diciendo: es que él es el de las cuentas, yo no sabría cuanto cambio darle.
El
niño me dio el cambio que me correspondía, y la señora antes de que yo me
retirara le dijo: dile GRACIAS a la señorita hijo, siempre di “gracias”, a lo
que el niño con un sonrisa en su rostro me miró y me dijo: GRACIAS. Les agradecí, y me retiré caminando, no pude evitar pensar
lo educada que había sido esa señora conmigo, y como le transfería tan buenos
modales a su hijo pequeño.
A veces nos quejamos por cosas tan absurdas, nos encanta
despilfarrar el dinero por doquier, y no digo que esté mal, sino que creo que debemos darnos un
tiempo para pensar y reflexionar que es lo verdaderamente importante, porque mientras
que nosotros la gozamos, otras personas buscan el pan de cada día, para
alimentar a sus familias. Tal vez a algunos no les lleguen estas palabras,
quizá a algunos otros sí, pero en lo que a mí respecta, esta experiencia me ha
dejado una lección de vida,, y es que qué lástima que no sepamos aprovechar lo
que tenemos, y que nos quejemos por que queremos más, lo material viene y se
va, los valores se quedan.
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