martes, 21 de febrero de 2012

SI TAN SOLO FUERA UN MUNDO MEJOR




Un mundo en donde las cosas fueran distintas…

Era una noche templada, la temperatura bajaba por cada paso que daba, había salido a caminar, a pensar, cuando de pronto me percaté de que a un costado mío se encontraba una señora de edad ya avanzada y un pequeño de a lo mucho 6 años, ambos gritando con poca voz: -Tamales, tamales de fresa, de mole, ¿no quiere tamales?. Pasaban personas de frente a ellos y no les hacían caso, parecía que trataban de evitar cualquier tipo de contacto visual con ellos. La señora y el niño siguieron caminando, y yo a su lado mirándolos, aunque ya había escuchado de que sabor los vendía les pregunté: ¿de qué son? A lo que la señora amablemente respondió: de fresa y de mole, le dije: -déme tres. (Aún sabiendo que ya habíamos cenado en mi casa). La señora de nueva cuenta respondió: claro que sí,  cuestan $12, permítame, se agachó y sacó de un botecito los tamales, los colocó en una bolsa y me los entregó; le pagué con un billete de $50, y le dijo al niño: dale su cambio a la señorita hijo. En lo que el niño contaba el cambio, la señora se dirigió a mí diciendo: es que él es el de las cuentas, yo no sabría cuanto cambio darle. 

El niño me dio el cambio que me correspondía, y la señora antes de que yo me retirara le dijo: dile GRACIAS a la señorita hijo, siempre di “gracias”, a lo que el niño con un sonrisa en su rostro me miró y me dijo: GRACIAS. Les agradecí, y me retiré caminando, no pude evitar pensar lo educada que había sido esa señora conmigo, y como le transfería tan buenos modales a su hijo pequeño.

A veces nos quejamos por cosas tan absurdas, nos encanta despilfarrar el dinero por doquier,  y no digo que esté mal, sino que creo que debemos darnos un tiempo para pensar y reflexionar que es lo verdaderamente importante, porque mientras que nosotros la gozamos, otras personas buscan el pan de cada día, para alimentar a sus familias. Tal vez a algunos no les lleguen estas palabras, quizá a algunos otros sí, pero en lo que a mí respecta, esta experiencia me ha dejado una lección de vida,, y es que qué lástima que no sepamos aprovechar lo que tenemos, y que nos quejemos por que queremos más, lo material viene y se va, los valores se quedan.

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