lunes, 5 de marzo de 2012

Mi antología de un año sin ti

Pensamos que sería muy fácil continuar nuestros caminos por separado, olvidamos lo bien que la habíamos pasado y los sentimientos que habíamos involucrado, al principio pensamos que la decisión fue mutua, pero como dicen por ahí: "siempre alguien termina amando más". El primer mes después de la separación estuvo muy bien, maravillados por la libertad que encadenados no tuvimos, nos rebozamos del mundo, disfrutamos de las cosas tan maravillosas de la vida como jamás lo habíamos hecho, perdimos el contacto, y debo confesar que por un instante te recordé, pensando que aquella había sido de las mejores decisiones que había tomado en mi vida.

El segundo y tercer mes, cegada por tu indiferencia no me di cuenta de que las cosas andaban mal en mi vida, sólo pensaba en ti, pero estaba segura de que no quería volver a tus brazos, quería experimentar cosas nuevas. Fue entonces cuando el cuarto mes encontré a alguien que me amaba con locura, me gustaba ser escuchada por él, me cumplía mis caprichos y siempre me daba la razón, creo que ese fue el problema, que siempre me dio la razón. Intentaba de vez en cuando comenzar una discusión sobre cualquier tontería porque era tanta la monotonía que existía entre ambos que al tercer mes de la relación comenzaba a aburrirme, y él lo único que hacía era ¡siempre darme la razón!.

Al octavo mes de nuestro rompimiento, lo dejé, para Septiembre ya no te pensaba, alguna vez llegué a escuchar noticias de ti, pero igual no me importaba, y decidí centrarme en mis estudios. En la música encontré un gran refugio, comencé clases de piano y para Diciembre ya estaba tocando en una banda; fue aquella noche en la que te encontré, entre la multitud de aquella fiesta, perdido entre la gente, había olvidado esa mirada que me hacía alucinar, esos rizos despeinados que me volvían loca.

Bajé del escenario para así conversar contigo, recuerdo que te miré y te besé, ni siquiera te di tiempo de reaccionar ante tal suceso, pero correspondiste muy bien el beso. Pasamos horas hablando sobre lo que habíamos hecho ese año, sobre tonterías, y cursilerías, y entre tantas palabras, recordamos el por qué de nuestra separación, nuestras peleas sin fin, nuestros celos absurdos, nuestros rencores sin sentido, inclusive el daño que alguna vez llegamos a hacernos. Y ahora cariño mío, venos aquí queriendo volver.


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